Bolivia celebra su primer matrimonio igualitario

En Asociación Generación o2 creemos que los derechos no son un privilegio que se concede, sino una realidad que se conquista paso a paso, con paciencia y con comunidad detrás. Por eso, cuando llega una noticia que ensancha el espacio de la dignidad para las personas LGTBIQ+, nos paramos a celebrarla. No como un titular más, sino como un recordatorio de que el cambio es posible.

Esta semana esa noticia llega desde Bolivia, un país que todavía no reconoce el matrimonio igualitario en su legislación. Y precisamente por eso lo que han logrado Scarlett Rocha y Fabiana Justiniano es tan importante: han abierto una puerta que muchas creían cerrada, y lo han hecho con la constancia de quien no se rinde.

Qué ha pasado

Scarlett Rocha y Fabiana Justiniano se han convertido en el primer matrimonio entre dos personas del mismo sexo reconocido legalmente en Bolivia. El hito llega tras casi cuatro años de lucha en los tribunales, después de que el Registro Civil de Santa Cruz rechazara su solicitud inicial y de que el caso escalara hasta las instancias judiciales más altas del país.

En marzo de 2026, un tribunal de garantías falló a su favor y ordenó al registro civil reconocer su unión como matrimonio civil. El argumento de su defensa fue tan sencillo como poderoso: aunque la Constitución boliviana define el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, las normas de derechos humanos que Bolivia ha ratificado —incluida una decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre la igualdad de las parejas del mismo sexo— ofrecen protección a todas las parejas por igual.

El 7 de agosto, ambas mujeres recibieron por fin su certificado de matrimonio y su libreta de familia en una ceremonia civil. Conviene ser precisos: la resolución se refiere a su caso concreto y aún debe pasar por la revisión del Tribunal Constitucional Plurinacional, de modo que todavía no abre el matrimonio igualitario para todas las parejas del país. Pero las organizaciones de derechos humanos confían en que siente un precedente para quienes vengan detrás.

Como recordó Scarlett tras recibir el documento, ese papel sobre la mesa lo cambiaba todo:

«Supe que ahora es realidad», dijo Scarlett Rocha, según recoge Revista SIX.

Leer la noticia completa en Revista SIX →

Qué significa para nuestra comunidad

En Go2 trabajamos cada día con personas que, por su orientación, su identidad o su expresión de género, han tenido que pelear por cosas que a otras se les dan por supuestas. Historias como la de Scarlett y Fabiana nos recuerdan por qué merece la pena ese acompañamiento: detrás de cada avance legal hay años de desgaste, de puertas cerradas y de familias que aprenden a entender. Que dos personas puedan por fin «bajar las defensas» y disfrutar de su vida en común no es un detalle pequeño; es aire.

Nos quedamos también con la dimensión colectiva de este logro. Ninguna conquista de derechos se sostiene en solitario: se apoya en el trabajo de activistas, juristas y entidades sociales que insisten cuando parece que no hay margen. Desde Barcelona, con nuestro foco en la diversidad y en las personas trans, seguimos sumando a esa red de cuidados y de derechos. Cada buena noticia, venga de donde venga, es también nuestra.

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Imagen de Generación o2: Personas intersex, un 2026 para reconocer sus derechos. Campaña Corporalidades intersexuales: derechos reales.

Personas intersex: un 2026 dedicado a reconocer sus derechos

En Generación o2 creemos que nadie debería tener que explicar su propio cuerpo para ser respetado. Nuestro trabajo con la comunidad LGTBIQ+, y muy especialmente con las personas trans, nos ha enseñado que la salud, la dignidad y los derechos empiezan por algo tan sencillo y tan difícil a la vez: ser reconocido tal y como uno es. Por eso hoy queremos hablar de un colectivo que casi nunca aparece en las conversaciones sobre diversidad, aunque forma parte de ella desde siempre: las personas intersex.

La Federación Estatal LGTBI+ (FELGTBI+) ha decidido dedicar todo el año 2026 a hacer visibles las realidades de las personas intersex y a reivindicar sus derechos humanos. Es una buena noticia que nos toca de cerca, porque conecta con dos cosas que defendemos cada día: el cuidado de la salud sin patologizar a las personas y una comunicación respetuosa que no convierta la diferencia en espectáculo.

Qué propone la campaña

La iniciativa de la FELGTBI+ se articula en torno a un lema claro, «Corporalidades intersexuales: derechos reales», y parte de una constatación incómoda: las personas intersex han sido excluidas de forma sistemática de los debates médicos, educativos, legislativos y sociales. En la práctica, esa invisibilidad se traduce en estigma y, en algunos casos, en intervenciones médicas realizadas sin consentimiento informado.

Frente a ello, la Federación plantea un trabajo de fondo y a largo plazo. Propone sensibilizar a la ciudadanía sobre las experiencias del colectivo, apelar a los medios de comunicación para que ofrezcan representaciones respetuosas y no sensacionalistas, y usar el arte, la comunicación y los espacios públicos para generar un cambio cultural real. También plantea llevar la intersexualidad a la educación desde una perspectiva de derechos humanos, con materiales rigurosos que ayuden a informar sin miedos ni tópicos.

Este impulso no llega en el vacío. En mayo de 2026, España se situó por primera vez en lo más alto del Rainbow Map de ILGA-Europe, el índice que mide leyes y políticas LGTBI en 49 países europeos, con un 89 % y poniendo fin a una década de liderazgo de Malta. Es un buen recordatorio de que los derechos avanzan cuando se cuidan y se amplían a quienes todavía quedan en los márgenes.

La propia FELGTBI+ resume el espíritu de la campaña en una idea que compartimos: «Corporalidades intersexuales: derechos reales» (FELGTBI+).

Leer la noticia completa en FELGTBI+ →

Qué significa para nuestra comunidad

Para nosotras y nosotros, una campaña así es un buen ejemplo de cómo se construye la inclusión: no a base de grandes gestos puntuales, sino de información honesta, de escucha y de acompañamiento sostenido en el tiempo. Es exactamente la manera en la que entendemos nuestros proyectos, desde el acompañamiento a personas trans hasta nuestro empeño por una comunicación que trate a cada persona con cuidado, sin morbo ni etiquetas.

Nos quedamos con lo esperanzador: hablar de las personas intersex con respeto es ampliar el círculo de quienes se sienten reconocidos y seguros. Si te apetece acompañarnos en ese camino, puedes empezar por lo más sencillo, informarte y compartir información veraz. Y si quieres implicarte de forma más directa en nuestros proyectos de diversidad, escríbenos a info@generacion-o2.org: siempre hay un sitio para sumar.

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Una ley que protege la dignidad: España castiga ya las mal llamadas «terapias de conversión»

Hay noticias que no cambian titulares durante semanas, pero que cambian vidas. La aprobación en el Congreso de una reforma del Código Penal que convierte en delito las mal llamadas «terapias de conversión» es una de ellas. A partir de ahora, intentar «corregir» o «modificar» la orientación sexual, la identidad o la expresión de género de una persona podrá castigarse con penas de prisión de seis meses a dos años, antecedentes penales e inhabilitación profesional.

En Generación o2 acompañamos cada día a personas LGTBIQ+, con especial atención a las personas trans, y sabemos que detrás de estas prácticas no hay «terapia» de ningún tipo: hay sufrimiento, culpa inducida y un daño que a veces tarda años en repararse. Por eso celebramos esta reforma como lo que es, un avance concreto para proteger la dignidad y la salud de nuestra comunidad.

Qué cambia exactamente con la nueva ley

Hasta ahora, la Ley 4/2023 ya prohibía expresamente las pseudoterapias de conversión en España, pero solo las castigaba con sanciones administrativas. En la práctica, algunas organizaciones que las promovían pagaban la multa y seguían con su actividad. La reforma aprobada por el Congreso cierra esa puerta: convierte la conducta en delito penal, con consecuencias reales para quienes la ejercen o la organizan.

No es un matiz menor. Muchas de estas prácticas se sostienen, según ha denunciado el movimiento LGTBI+, gracias al apoyo de redes y estructuras con financiación propia, capaces de asumir una multa administrativa sin inmutarse. La vía penal introduce un límite mucho más firme y un mensaje claro: no es un asunto de sanción menor, es una cuestión de derechos humanos.

La comunidad científica y los organismos internacionales llevan años señalando el camino. Naciones Unidas considera estas prácticas una forma de tortura, su Alto Comisionado para los Derechos Humanos ha pedido de forma reiterada su prohibición global, y la Asociación Mundial de Psiquiatría alerta de daños graves para la salud mental de quienes las sufren. Poner el Código Penal del lado de esa evidencia es, sencillamente, hacer justicia.

La medida llega además tras años de trabajo colectivo. La Federación Estatal LGTBI+, junto a otras organizaciones, impulsó una Iniciativa Ciudadana Europea que reunió más de un millón de firmas para pedir la prohibición de estas prácticas en toda la Unión. Aunque la respuesta europea de momento se ha quedado en una recomendación prevista para 2027, España ha decidido dar el paso con su propia legislación.

Como resumió la presidenta de la Federación Estatal LGTBI+, Paula Iglesias, «esta ley supone un paso más en la protección de la dignidad y la integridad de las personas LGTBI+».

Leer la noticia completa en FELGTBI+ →

Qué significa para nuestra comunidad

Para quienes acompañamos a personas LGTBIQ+, esta ley es una herramienta más de cuidado. Nos permite decir, con la ley en la mano, que nadie tiene que someterse a ningún proceso para «dejar de ser» quien es, y que existir fuera de la norma no es un problema que haya que arreglar. Es también un respaldo para las familias que, ante la presión o el desconocimiento, buscan orientación: la respuesta nunca es intentar cambiar a la persona, sino acompañarla.

Al mismo tiempo, sabemos que una ley no elimina por sí sola el odio ni la desinformación. Los avances legales conviven con un aumento preocupante de las agresiones y de los discursos de odio, y por eso el trabajo diario de acompañamiento, escucha y comunidad sigue siendo imprescindible. Celebramos este paso, y lo tomamos como un impulso para seguir tejiendo espacios donde cada persona pueda vivir en libertad y con dignidad.

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Matrimonio igualitario en Argentina: 16 años de una ley histórica

En Generación o2 acompañamos cada día a personas LGTBIQ+, con especial atención a las personas trans, y sabemos que los derechos que hoy parecen obvios casi siempre empezaron como una pelea larga y sin garantías. Por eso nos gusta mirar hacia atrás de vez en cuando: no por nostalgia, sino porque entender de dónde venimos ayuda a sostener lo que todavía falta por conseguir.

Esta semana se cumplieron dieciséis años de un hito que cambió la vida de miles de familias en Argentina y marcó un antes y un después para toda América Latina: la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario, el 15 de julio de 2010.

Una ley construida durante 30 años de militancia

Argentina se convirtió entonces en el primer país latinoamericano —y el décimo del mundo— en reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero la ley no salió de la nada: activistas históricos recuerdan que la semilla se plantó en los años 80, en plena crisis del VIH, cuando parejas del mismo sexo se quedaban sin ningún derecho legal al fallecer una de las dos personas, sin pensión, sin herencia, sin obra social compartida. Esa desprotección concreta fue, para muchos militantes, el punto de partida de una lucha que tardaría tres décadas en convertirse en ley.

El día de la votación en el Congreso, la plaza estalló al conocerse el resultado: 33 votos a favor contra 27 en contra. Quienes estuvieron allí describen una mezcla de alegría y angustia acumulada, porque el resultado no estaba nada garantizado hasta el final. Para las activistas que impulsaron el proyecto, lo esencial no era solo el acceso a una institución civil, sino el reconocimiento explícito de la igualdad por parte del Estado, una herramienta que después abrió paso a otras leyes clave, como la Ley de Identidad de Género dos años más tarde.

Además de reconocer a las parejas, la ley resolvió una desprotección que hasta entonces sufrían muchas hijas e hijos: antes de 2010, si la persona con la tutela legal de un niño o niña fallecía, su pareja no tenía ningún derecho automático sobre esa crianza compartida durante años. La ley igualó también esa situación para las familias LGTBIQ+.

«Esa igualdad, pero también esos derechos, nos cambiaron la vida.»
— María Rachid, Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans

Leer la noticia completa en Agencia Presentes →

Lo que esto significa para nuestra comunidad

Dieciséis años después, la ley sigue siendo una herramienta que activistas argentinos describen como necesaria para defenderse de discursos de odio que no han desaparecido. Eso es, quizás, lo más importante de esta historia: los derechos conquistados no se sostienen solos, hace falta seguir recordándolos y defendiéndolos.

Desde Go2 vemos en este aniversario un recordatorio útil para nuestro propio trabajo con personas LGTBIQ+ y sus familias: los marcos legales importan porque cambian la vida cotidiana de las personas, desde quién puede acompañarte en un hospital hasta quién tiene la tutela de tus hijos. Seguir contando estas historias es también una forma de cuidar lo que ya se ha conseguido.

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Más de un millón de personas en las calles: el Orgullo 2026 vuelve a hacerse escuchar

Ayer, sábado 4 de julio, Madrid volvió a llenarse de banderas arcoíris. Las entidades organizadoras —la Federación Estatal LGTBI+ (FELGTBI+) y COGAM— calculan que más de un millón de personas recorrieron las calles de la capital bajo el lema «¡A las calles con Orgullo! Disidencia y resistencia», consolidando de nuevo la manifestación como la movilización LGTBI+ más multitudinaria de Europa.

En Generación o2 seguimos de cerca estas jornadas porque forman parte del terreno donde trabajamos cada día: el acompañamiento a personas LGTBIQ+, con especial atención a las personas trans. Ver las calles llenas no es solo una imagen bonita para las redes; es una medida real de hasta qué punto la sociedad civil sigue dispuesta a sostener derechos que, aunque estén en las leyes, no siempre se cumplen en el día a día.

Una marcha para celebrar y para seguir pidiendo

La cabecera de la manifestación reunió esta vez a activistas históricos, artistas y representantes institucionales caminando codo con codo, una imagen de respaldo transversal poco habitual. Junto a ellos, una segunda pancarta —convocada también por FELGTBI+— agrupó a más de veinte entidades sociales bajo un mismo mensaje: «¡Pacto de Estado contra los discursos de odio ya!», una propuesta que ya cuenta con una subcomisión de trabajo en el Congreso de los Diputados.

Las organizaciones convocantes remarcaron que el Orgullo de este año tenía un doble sentido: celebrar lo conseguido —matrimonio igualitario, leyes LGTBI+ estatales, avances que hace apenas una generación eran impensables— y, al mismo tiempo, insistir en lo que sigue pendiente. Entre las reivindicaciones concretas que se escucharon en la marcha estaban el reconocimiento legal de las personas no binarias, el respeto a la autonomía corporal de las personas intersex y medidas contra el sexilio, el fenómeno por el cual muchas personas LGTBIfóbicas se ven obligadas a abandonar su lugar de origen.

También se pidió que la Ley Estatal LGTBI+ se cumpla de forma efectiva en todo el territorio, incluidos los artículos que reconocen el derecho de las personas trans migrantes a ver reflejada su identidad en su documentación. Son detalles técnicos, sí, pero con un impacto muy concreto en la vida de las personas que acompañamos desde nuestro proyecto LGTBIQ+.

«Hoy las calles han vuelto a hablar con claridad.»
— Paula Iglesias, presidenta de FELGTBI+

Leer la noticia completa en FELGTBI+ →

Lo que esto significa para nuestra comunidad

En nuestro trabajo diario con personas LGTBIQ+ —muchas de ellas jóvenes trans que están construyendo su identidad en contextos familiares o escolares que no siempre acompañan— jornadas como la de ayer funcionan como recordatorio de que no están solas. Un millón de personas en la calle es, entre otras cosas, un millón de razones para seguir adelante cuando el entorno cercano no ayuda.

Vernos representadas y representados en la calle, con nombre y apellidos, en instituciones y en colectivos sociales tan diversos como los que marcharon ayer, es parte del trabajo de fondo que después se traduce en un espacio seguro, una conversación sin miedo o una familia que empieza a entender. Desde Go2 seguimos poniendo nuestro granito de arena en ese camino, un acompañamiento a la vez.

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