En Generación o2 acompañamos cada día a personas LGTBIQ+, con especial atención a las personas trans, y sabemos que los derechos que hoy parecen obvios casi siempre empezaron como una pelea larga y sin garantías. Por eso nos gusta mirar hacia atrás de vez en cuando: no por nostalgia, sino porque entender de dónde venimos ayuda a sostener lo que todavía falta por conseguir.

Esta semana se cumplieron dieciséis años de un hito que cambió la vida de miles de familias en Argentina y marcó un antes y un después para toda América Latina: la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario, el 15 de julio de 2010.

Una ley construida durante 30 años de militancia

Argentina se convirtió entonces en el primer país latinoamericano —y el décimo del mundo— en reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero la ley no salió de la nada: activistas históricos recuerdan que la semilla se plantó en los años 80, en plena crisis del VIH, cuando parejas del mismo sexo se quedaban sin ningún derecho legal al fallecer una de las dos personas, sin pensión, sin herencia, sin obra social compartida. Esa desprotección concreta fue, para muchos militantes, el punto de partida de una lucha que tardaría tres décadas en convertirse en ley.

El día de la votación en el Congreso, la plaza estalló al conocerse el resultado: 33 votos a favor contra 27 en contra. Quienes estuvieron allí describen una mezcla de alegría y angustia acumulada, porque el resultado no estaba nada garantizado hasta el final. Para las activistas que impulsaron el proyecto, lo esencial no era solo el acceso a una institución civil, sino el reconocimiento explícito de la igualdad por parte del Estado, una herramienta que después abrió paso a otras leyes clave, como la Ley de Identidad de Género dos años más tarde.

Además de reconocer a las parejas, la ley resolvió una desprotección que hasta entonces sufrían muchas hijas e hijos: antes de 2010, si la persona con la tutela legal de un niño o niña fallecía, su pareja no tenía ningún derecho automático sobre esa crianza compartida durante años. La ley igualó también esa situación para las familias LGTBIQ+.

«Esa igualdad, pero también esos derechos, nos cambiaron la vida.»
— María Rachid, Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans

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Lo que esto significa para nuestra comunidad

Dieciséis años después, la ley sigue siendo una herramienta que activistas argentinos describen como necesaria para defenderse de discursos de odio que no han desaparecido. Eso es, quizás, lo más importante de esta historia: los derechos conquistados no se sostienen solos, hace falta seguir recordándolos y defendiéndolos.

Desde Go2 vemos en este aniversario un recordatorio útil para nuestro propio trabajo con personas LGTBIQ+ y sus familias: los marcos legales importan porque cambian la vida cotidiana de las personas, desde quién puede acompañarte en un hospital hasta quién tiene la tutela de tus hijos. Seguir contando estas historias es también una forma de cuidar lo que ya se ha conseguido.

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