En Generación o2 creemos que cuidar también es escuchar. Escuchar a quien durante décadas no tuvo dónde contar lo que vivió, y hacerlo con respeto y sin prisa. Por eso nos ha llamado la atención una publicación que acaba de ver la luz en Argentina y que habla de algo muy nuestro: la importancia de que las personas trans puedan narrar su propia historia.
Trabajamos cada día en proyectos con foco en la comunidad trans y sabemos que la memoria colectiva también es una forma de derechos. Cuando una historia se cuenta en primera persona, deja de ser una nota al pie y pasa a formar parte de lo que una sociedad sabe de sí misma.
Según informa la Agencia Presentes, el Archivo de la Memoria Trans (AMT) ha editado Carne de cañón, un libro de 175 páginas que reúne los testimonios de doce travestis y mujeres trans sobre su vida durante la última dictadura argentina. Se publica a cincuenta años del golpe de 1976, y recoge entrevistas realizadas entre 2019 y 2026, incluidas voces que no habían podido incorporarse a un juicio anterior.
Lo más valioso de la obra, tal y como lo cuenta el medio, es su enfoque: los relatos no se quedan solo en el dolor, sino que muestran también las redes de solidaridad, la resistencia y la alegría cotidiana con las que estas mujeres salieron adelante. Cuenta además con prólogo de la fiscal Ana Oberlin, y se está presentando en espacios de memoria y derechos humanos de Buenos Aires.
El libro llega tras un hito reciente en la justicia argentina: según la misma información, en 2024 un tribunal reconoció por primera vez a ocho mujeres trans y travestis como víctimas del terrorismo de Estado. Ahora, con este libro, esa voz recuperada llega también a la literatura y a la memoria compartida. Una de las protagonistas, Carolina Figueredo, lo resume así: nos devolvieron la voz
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Para nuestra comunidad, esta es una buena noticia por lo que significa: una sociedad que escucha es una sociedad que cuida mejor. Reconocer la historia de las personas trans, con nombre y voz propios, es también una forma de prevenir que vuelvan a quedar invisibles.
Aunque el contexto sea otro, la idea nos resulta cercana: abrir espacios donde cada persona pueda contar su historia con dignidad. Seguiremos acompañando y dando visibilidad a quienes trabajan por ello, aquí y en cualquier lugar.
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