La inteligencia artificial también salva vidas: nuevos antibióticos contra las bacterias resistentes — Generación o2

La inteligencia artificial también salva vidas: nuevos antibióticos contra las superbacterias

En Generación o2 creemos que la tecnología solo tiene sentido cuando se pone al servicio de las personas. Es la idea que sostiene nuestro proyecto o2Wave, donde exploramos cómo la inteligencia artificial puede ayudar a las ONG y a las pequeñas organizaciones a comunicar mejor y a llegar más lejos. Por eso, cuando la IA aparece en una buena noticia de salud, prestamos atención: es una señal de que estas herramientas pueden hacer algo más que responder preguntas o generar imágenes.

Esta semana llega precisamente una de esas noticias esperanzadoras. Un equipo científico ha usado inteligencia artificial para encontrar posibles antibióticos nuevos frente a una bacteria que se ha vuelto experta en resistir a los medicamentos. No es un titular menor: la resistencia a los antibióticos es uno de los grandes desafíos silenciosos de la salud pública mundial, y cada avance que abre una puerta merece ser contado.

Qué han descubierto

Un estudio publicado en la revista Science Translational Medicine, liderado por investigadores del Instituto Wyss de la Universidad de Harvard y del Hospital General de Massachusetts, ha puesto la inteligencia artificial a trabajar en un problema muy concreto: encontrar moléculas capaces de frenar a Neisseria gonorrhoeae, el patógeno responsable de la gonorrea, que desarrolla resistencia a los antibióticos con una rapidez desconcertante.

El equipo entrenó un modelo de aprendizaje profundo con datos de 38.650 moléculas y, una vez comprobado que el sistema sabía reconocer compuestos prometedores, lo lanzó a explorar una biblioteca virtual de seis millones de compuestos químicos. De esa criba enorme salieron 213 candidatos y, tras validarlos en el laboratorio, dos moléculas destacaron por su potencia y su seguridad frente a cepas multirresistentes. La más prometedora, bautizada como A1, actúa además por una vía poco habitual, lo que reduce las probabilidades de que la bacteria vuelva a hacerse resistente.

Lo esperanzador no es solo el hallazgo en sí, sino el método. Hasta hace poco, buscar un antibiótico nuevo era como rastrear una aguja en un pajar infinito; ahora, la IA permite recorrer ese pajar en una fracción del tiempo y con una precisión antes impensable. Los propios autores subrayan que esta plataforma se podría aplicar a bibliotecas químicas mucho mayores y a otras infecciones difíciles de tratar.

Conviene mantener los pies en el suelo: hablamos de compuestos que aún deben recorrer años de validación antes de convertirse en un medicamento. Pero, como recuerda la Dra. Melis Anahtar, coautora del trabajo:

«Este estudio aprovecha la inteligencia artificial para combatir enfermedades infecciosas».

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Qué significa para nuestra comunidad

En Go2 acompañamos cada día a personas mayores, a familias con enfermedades raras y a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad. Sabemos bien que detrás de cada avance médico hay vidas concretas que respiran un poco más tranquilas. Que la inteligencia artificial ayude a adelantarse a las bacterias más resistentes es, para nosotros, una buena noticia que va mucho más allá de una infección: es la prueba de que la ciencia y la tecnología pueden remar juntas a favor de la salud de todas y todos.

Nos gusta pensar que esta es la cara amable de la inteligencia artificial: la que no sustituye al cuidado humano, sino que lo refuerza; la que abre caminos donde antes había muros. Seguiremos contando estas historias porque, en tiempos de tanto ruido, conviene recordar que el futuro también se está escribiendo con buenas noticias.

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Una IA de Harvard aprende a predecir quién responderá a la inmunoterapia contra el cáncer

Cuando acompañamos a una persona mayor o a alguien en un momento de vulnerabilidad médica, una de las preguntas que más pesa es la incertidumbre: ¿va a funcionar este tratamiento? En nuestro programa de acompañamiento médico vemos de cerca lo que significa esperar una respuesta que la medicina, muchas veces, todavía no puede darte con certeza.

Por eso nos alegra especialmente compartir avances que reducen esa incertidumbre, aunque sea un poco. Esta semana ha llegado una noticia desde Harvard que puede cambiar cómo se decide, en el futuro, qué pacientes con cáncer reciben inmunoterapia y con qué expectativas.

Un equipo de la Facultad de Medicina de Harvard ha desarrollado COMPASS, un modelo de inteligencia artificial capaz de predecir con bastante más precisión qué pacientes van a responder bien a los inhibidores de puntos de control inmunitario, un tipo de inmunoterapia que en la última década ha conseguido convertir cánceres antes mortales en enfermedades crónicas controlables para muchas personas.

El problema que llevaba años sin resolverse en oncología era justamente ese: estos fármacos funcionan de forma extraordinaria, pero solo en una parte de los pacientes, y hasta ahora había pocas herramientas fiables para saber de antemano quién se beneficiaría. COMPASS se entrenó con datos genéticos de más de 10.000 tumores de 33 tipos de cáncer y, a diferencia de otros modelos de IA que funcionan como una «caja negra», ofrece explicaciones comprensibles de por qué hace cada predicción, algo que los médicos llevaban tiempo pidiendo.

En las pruebas realizadas con resultados de 16 ensayos clínicos, el modelo superó a los mejores métodos existentes en casi un 10% de precisión media. Si estos resultados se confirman en ensayos clínicos prospectivos, la herramienta podría usarse en consultas de oncología para ayudar a decidir tratamientos, y también para reclutar de forma más eficiente a los pacientes adecuados en nuevos ensayos.

«Comprender quién responderá a los inhibidores de puntos de control inmunitario […] es uno de los principales problemas sin resolver en oncología» — Marinka Zitnik, Harvard Medical School

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Para nuestra comunidad, este tipo de avances no son solo titulares de ciencia lejana. Muchas de las personas mayores y familias a las que acompañamos conviven con diagnósticos de cáncer, y saber que la investigación avanza hacia decisiones más personalizadas y menos inciertas es, sencillamente, una buena noticia que merece contarse sin grandes dramatismos.

Seguiremos con atención cómo evoluciona COMPASS en los próximos ensayos clínicos. Mientras tanto, desde Go2 continuamos con lo que sabemos hacer: estar cerca de quien atraviesa la enfermedad, acompañando el proceso con información clara y presencia humana.

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